¿Qué es una endodoncia?
Tiene fama de ser lo peor que te puede pasar en un dentista. En realidad es el tratamiento que quita el dolor y salva el diente.
Qué hay dentro de un diente
Un diente no es un bloque macizo. Por fuera tiene esmalte, debajo dentina, y en el centro una cavidad con tejido blando: la pulpa, donde están el nervio y los vasos sanguíneos que lo nutren.
Esa pulpa baja por el interior de la raíz a través de unos conductos finos. De ahí viene el nombre en inglés, "root canal": el tratamiento trabaja precisamente en esos conductos.
Cuándo se necesita
Cuando la pulpa se inflama o se infecta. Llega ahí por varias vías: una caries que avanzó lo suficiente, una fractura que abrió camino a las bacterias, un golpe —a veces de años atrás— o un diente que ha pasado por muchos tratamientos.
El tejido inflamado dentro de una cavidad rígida no tiene por dónde expandirse, y esa presión es la que produce el dolor característico: intenso, difícil de localizar, que empeora al tumbarse y no deja dormir.
Cómo es el procedimiento
Contado sin adornos, el tratamiento sigue estos pasos:
- Radiografía para ver la raíz y la extensión del problema
- Anestesia local, hasta que la zona esté completamente dormida
- Se aísla el diente para trabajar en un campo limpio
- Se abre un acceso por la parte superior y se retira el tejido dañado
- Se limpian y se desinfectan los conductos
- Se sellan para que no vuelvan a colonizarse
- Se cierra el acceso y, más adelante, se protege el diente
Por qué tiene tan mala fama
La reputación viene de dos sitios. Uno, de hace décadas, cuando la anestesia y el instrumental eran otra cosa. Y dos, y esto es lo importante, de que la gente asocia la endodoncia con el dolor que tenía antes de entrar.
Se llega a una endodoncia doliendo. Se sale sin dolor. El tratamiento no causa ese dolor: lo termina. Se hace con anestesia, y lo habitual es no sentir el procedimiento.
Es normal notar molestia los días siguientes, sobre todo al morder, mientras el ligamento que rodea la raíz se desinflama. Suele controlarse bien con analgésicos comunes.
La corona posterior no es opcional
Un diente al que se le ha hecho endodoncia queda más frágil: se le ha retirado tejido interno y ya no recibe la hidratación que le daba la pulpa. En los dientes posteriores, que soportan la fuerza de la masticación, eso significa riesgo real de fractura.
Por eso el tratamiento suele completarse con una corona que lo protege. Dejarlo sin proteger es la razón más frecuente de que una endodoncia bien hecha acabe perdiéndose años después.
La alternativa
Cuando no se hace endodoncia, la alternativa habitual es extraer el diente. Y ahí no acaba la cosa: el hueco cambia la mordida, los dientes vecinos se desplazan y suele hacer falta reponer la pieza con un implante o una prótesis.
Puesto así, conservar el diente propio suele ser la opción más sencilla, aunque de entrada suene peor.
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