Señales de que necesitas visitar al dentista
El dolor es la última señal, no la primera. Cuando aparece, el problema suele llevar tiempo avanzando. Estas son las que llegan antes.
Te sangran las encías al cepillarte
Es la señal más común y la que más se normaliza. Mucha gente lleva años pensando que sangrar un poco es parte del cepillado. No lo es.
Una encía sana no sangra, igual que no sangra la piel del brazo al frotarla. El sangrado indica inflamación, casi siempre por placa y sarro acumulados en el borde de la encía. En esa fase se resuelve con una limpieza; más adelante, no tanto.
Sensibilidad al frío, al calor o a lo dulce
Un pinchazo breve al tomar algo frío suele indicar que la parte interna del diente ha quedado expuesta: por una encía retraída, por desgaste del esmalte, por una caries o por una restauración que empezó a filtrar.
Presta atención a una diferencia importante: si la molestia se va en cuanto retiras lo frío o lo caliente, suele ser sensibilidad. Si el dolor se queda un rato después, eso apunta al nervio y conviene verlo pronto.
Mal aliento que no se quita
El mal aliento ocasional no dice nada. El persistente, que no cede con cepillado ni enjuague, suele tener origen en bacterias acumuladas bajo la encía o en una caries.
Es incómodo de mencionar, y por eso mucha gente lo tapa en lugar de consultarlo. Merece la pena decirlo: casi siempre tiene una causa concreta y tratable.
Te duele al morder
Si un diente concreto duele al masticar o al presionarlo, algo está pasando ahí: puede ser una fractura, una restauración alta, una caries profunda o una infección en la raíz.
Es de las señales que más conviene no aplazar, porque la diferencia entre atenderla pronto o tarde suele ser la diferencia entre conservar el diente y perderlo.
Un diente que se ve más oscuro
Cuando un solo diente cambia de color y se oscurece respecto a los demás, suele significar que el nervio de ese diente ha sufrido — a veces por un golpe de hace años que ya nadie recuerda.
No siempre duele. Precisamente por eso pasa desapercibido.
Notas que la mordida cambió
Si sientes que los dientes ya no encajan como antes, que un lado toca primero, o que una prótesis que llevaba años bien de pronto molesta, algo se ha movido.
Puede ser desgaste, pérdida de soporte óseo o una pieza que se desplazó al quedar un hueco al lado.
Una llaga que no cierra
Las aftas y pequeñas heridas de la boca son frecuentes y se curan solas en una o dos semanas. Una lesión que sigue ahí pasadas dos o tres semanas, sin explicación clara, debe revisarla un profesional.
No es para alarmarse: la mayoría no son nada. Pero es de las pocas cosas en las que esperar no aporta nada y mirar sí.
Y la más difícil: que no te duela nada
La caries no duele hasta que llega cerca del nervio. La enfermedad de las encías, en sus fases iniciales, tampoco. Se puede tener ambas cosas avanzando en silencio durante años.
Por eso la revisión periódica no es para quien tiene molestias, sino justamente para quien no las tiene. Si hace años que no ves a un dentista y te encuentras bien, esa es la razón de ir, no la razón de no ir.
Servicio relacionado: Odontología preventiva